Tuesday, November 27, 2007

Ivet

De todas las mujeres con ínfulas de poeta había sólo una, una de sola, y no era la imagen romántica y rizada de larga melena negra. No, Ivet es un alambre, apenas cuarenta kilos de mujer remontando una figura tan hermosa como mínima. Sin embargo en su voz, en sus gestos elegantes y finos, en su manera de desaparecer al final de la mesa se esparcía toda la poesía. Y no, ella no habló de nadie, ni de nada, no pretendió que todos supiéramos lo que sabía ni aquello que había leído. Ivet sencillamente alzo su cuerpo menudo, cogió un clavel rojo con una mano, y al modo de los rapsodas de antaño nos hechizó a todas; palabras cosidas a la musicalidad de su voz, escenarios de calle, amores bajo la luz de un semáforo mientras los transeúntes se impacientaban:
-que esperen!-
Dijo Ivet que por su corta vida no le daba tiempo a expresar lo aprendido, así que, de momento, subrayó, la poesía era para ella, lo que sentía. Y tras encantarnos con la frescura de sus palabras, se marcho hermosa, melena larga, contemporánea, apenas pisando las baldosas bajo el peso de una guitarra flamenca.
Hoy desperté recordando en imágenes uno de sus poemas, y ello me dejó empezar el día con una sensación de alivio. Existen, todavía lo hacen, y no se dejarán enredar en palabrería romanticonas, ahí están palabras de hoy emergiendo fuertes de una boca que nadie de aquella sala logró acallar.
Desde mi humilde bitácora Ivet, mis más sinceras felicitaciones.

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