Ande triste, de puntillas entre las cosas que me irritan, y sin darme cuenta me torcí el tobillo en la tenue pared de piedra que me separaba del mundo. Al caer lloré, como un niña pequeña , lloré y todavía lo hice más al contemplar mi rostro arrugado en el pequeño cacho de espejo que encontre en el suelo. No dije mucho, pero mi lamento llegó a oídos de un gitano que no lograba afinar los tonos de su guitarra:
- mi niña tu llanto como la música...y me compuso una rumbita que no habré de oir jamás. Luego cogió mi mano, me llevo muy lejos. Había un globo planteado y dijo que quería hacerme volar, volar...y entonces al girarme la mano grande de mi padre sujetándome un hombro levemente. Y no puede oír sus palabras, como en los sueños todo era su sonrisa, y el aire lleno de las preguntas que él sí solía contestarme. Me empujó de nuevo hacía mi moreno y asintió como lo hacen las pesonas que saben, "en el fondo" Dijeron sus ojos del color del chocolate, " te dejo en buenas manos". Y la vida siguió sin dar cuenta de las personas que realmente cuentan, las que se bajan del tren sin pensar que lo llenan de algo mucho más doloroso, más amargo que las lágrimas. En esta vida de despedidas, me niego a perderte en todas las estaciones. A él le conquistó algo mucho más profundo que los viajes, a él lo conquistó un mar azul, y murió contemplando la ventana en cuyo cristal habré de recordarlo siempre, sentado sobre la silla marinera que sujeta a los muchachos que avistan tierra, en el barco que fue nuestra casa vimos siempre, sólo, el mar...el mar...
Friday, February 23, 2007
Wednesday, February 21, 2007
la mujer pasita
Esta historia, se la contará una buela despeinada a una criatura futura que sin duda creerá que los árboles eran algo de la prehistoria:
- Pero entonces, ¿cómo hiciste, bajaste del tren y echaste a andar, sin más...?
- Si
-Y la casa, tus cosas, la gente?
Mis cosas se habían convertido en meras dudas, grandes masificaciones de estanterias, y ropas, cajones repletos de papeles inservibles, puertas enteras tras las cuales solamente había dudas, dudas, sospechas, penas y pocas ganas ya de reirme.
- Y te fuiste solita?
-al principio si, y es que en el principio el primer escalón está hecho de soledad, quizá el segundo de miedo, el terceró sin embargo fue un trampolín alto que me dejó saltar y creer por un instante que lo reposaba en el fondo era una estanque de libertad.
-¿y lo era?
-soledad más bien, y la asertividad de que se había convertido en lo único posible.
Dicho eso, la viejísima mujer cerró unos ojos arrugados y chispeantes y se puso a canturrear una canción inventada. La muchachita se queda sentada en el suelo, la cabeza apoyada en las rodillas de su abuela, pensativa...
- Pero entonces, ¿cómo hiciste, bajaste del tren y echaste a andar, sin más...?
- Si
-Y la casa, tus cosas, la gente?
Mis cosas se habían convertido en meras dudas, grandes masificaciones de estanterias, y ropas, cajones repletos de papeles inservibles, puertas enteras tras las cuales solamente había dudas, dudas, sospechas, penas y pocas ganas ya de reirme.
- Y te fuiste solita?
-al principio si, y es que en el principio el primer escalón está hecho de soledad, quizá el segundo de miedo, el terceró sin embargo fue un trampolín alto que me dejó saltar y creer por un instante que lo reposaba en el fondo era una estanque de libertad.
-¿y lo era?
-soledad más bien, y la asertividad de que se había convertido en lo único posible.
Dicho eso, la viejísima mujer cerró unos ojos arrugados y chispeantes y se puso a canturrear una canción inventada. La muchachita se queda sentada en el suelo, la cabeza apoyada en las rodillas de su abuela, pensativa...
Tuesday, February 13, 2007
taxiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!
Esta mañana desperté tras darme el inmenso placer de matar en un sueño. De alguna manera, y sin darme mucha cuenta, me vestí olvidando endosar mis hermosos hábitos de ppseudo-buena ciudadana. Subí a la bici y pedaleé lentamente por el estrecho carril de dirección única que me conduce a la rambla. Me pareció oir a un enfurecido taxista rozar el claxón en un vano intento de que el pitido se tradujera en un :
-"subete a la acera culona! que no voy a llevarte delante hasta el puto fin de la calle".
En idénticas circunstancias, cualquier otro dia, hubiese descabalgado mi ferrea montura para subir gracilmente a la acera de un salto. Sin embargo hoy, dejados mis principios de culpa bajo las sábanas, pensé: " va a ser que la calle es tan mía como de ese hijo de puta". Así fue como desaceleré consciente de que llegaría tarde al trabajo, y tarde cinco minutos de un reloj que no llevo en conquistar la mitad de la calle. El hombre, loco, rabioso, sacó su rapada cabeza por el taxi y me ragaló con un:
- me cago en la madre que te parió!- y luego como dirigiéndose a un cliente invisible: - no, si la muy hija de puta lo está haciendo adrede!
Ahí fue cuando baje de la bici, la tumbé en el suelo de la calzada me dirigi fría hacia el desquiciado taxista y acomodé mis brazos en el marco de su cristal ahumado. Sólo levanté una ceja, una! y fue tal la ofensa del hombre, que empujando mi hermoso abrigo nuevo, me apartó de golpé y salió pronto a golpearme. No sentí nada, no dije nada, solamente sonreí tan amplia como generosamente pude cuando visualicé una pareja de mossos, hermossus!, que venian directos hacia mi...
Mi relato, entre hipitos en comisaria, fingiendo gran dolor en el codo, que no dejaba de acariciarme como sin querer, no les dejó albergar duda alguna de que el hijo de puta me había tirado al suelo!
Ai! y es que a veces, sólo a veces...la vida te sonrie, sin más...;)
-"subete a la acera culona! que no voy a llevarte delante hasta el puto fin de la calle".
En idénticas circunstancias, cualquier otro dia, hubiese descabalgado mi ferrea montura para subir gracilmente a la acera de un salto. Sin embargo hoy, dejados mis principios de culpa bajo las sábanas, pensé: " va a ser que la calle es tan mía como de ese hijo de puta". Así fue como desaceleré consciente de que llegaría tarde al trabajo, y tarde cinco minutos de un reloj que no llevo en conquistar la mitad de la calle. El hombre, loco, rabioso, sacó su rapada cabeza por el taxi y me ragaló con un:
- me cago en la madre que te parió!- y luego como dirigiéndose a un cliente invisible: - no, si la muy hija de puta lo está haciendo adrede!
Ahí fue cuando baje de la bici, la tumbé en el suelo de la calzada me dirigi fría hacia el desquiciado taxista y acomodé mis brazos en el marco de su cristal ahumado. Sólo levanté una ceja, una! y fue tal la ofensa del hombre, que empujando mi hermoso abrigo nuevo, me apartó de golpé y salió pronto a golpearme. No sentí nada, no dije nada, solamente sonreí tan amplia como generosamente pude cuando visualicé una pareja de mossos, hermossus!, que venian directos hacia mi...
Mi relato, entre hipitos en comisaria, fingiendo gran dolor en el codo, que no dejaba de acariciarme como sin querer, no les dejó albergar duda alguna de que el hijo de puta me había tirado al suelo!
Ai! y es que a veces, sólo a veces...la vida te sonrie, sin más...;)
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