Escribo entre las burbujas, con las piernas llenas de sal y la piel morena, envuelta en una música de cuento, escuchando los consejos de Peter Pan, mientras una de las nenas se me acopla en el regazo, conquistando un sueño lleno de fantasias.
Llevo apenas tres días en la isla, feliz, libre, ando siempre con las chicas que me suben y me bajan a mis playas favoritas, me cocinan, y me hacen sentir tan en el sitio adecuado. Hoy, muy temprano, en moto hacia la playa, ciento siete interrogantes se agazapaban entre las colinas. Casas blancas, pescado fresco, cenas en las terrazas de los hermosos lugares que habitan mis chicas...y que coño hago yo en el mundo de cemento? con amores de mentira, pagando deudas de mujeres que jamás habré de conocer. Respirando un aire impuro, ocupando el espacio mínimo.
Ahora no, porqué antes debemos salvar el mundo, pero cuando llegue cacahute, y si ocurre el milagro que no debo todavía contar, no sería ningna tontería tener un espacio comun, y no nos sería dificil hallar uno de esos lugares con nombre de sitio (lloc) en el que resguradarnos cuando nos demos cuenta de que la psicosis és absolutante barcelona. Abandonar a Blanca, abandonar el horario pingüino, yvivir en el espacio absoluto de esta mínima roca, que de pronto se vuelve inmensa... no sé que ha de depararnos el futuro, pero sin duda, Barcelona va a tener que acabarse. No me levante esa ceja amiga mia, que se lo digo con suficiente tiempo, para que se hagan a la idea, y jamás les abandonaría en esa jungla esquizoide, jamás...;)
Saturday, July 28, 2007
Friday, July 13, 2007
de sueños que envuelven pesadillas
A Blanca no pude por menos que contarle mi sueño: un Jesucristo negro, vestido con una túnica sucia abre los brazos hacía mi. Asiente como un padre comprensivo, me acoge y me perdona con la mirada. Yo dejo caer mi cabeza en su pecho, redimida, ligera del peso de un pecado que no sé cual es. Él me besa el pelo, me acaricia los hombros, y sin mediar palabra se desvanece la angustia que lleva comiéndome meses.
Al instante del olvido, cuando se cierra el círculo maléfico, él aparta con suavidad mi cabeza de pecadora de su seno y estalla en una carcajada diabólica. Yo me aparto, dolida de nuevo, su pelo negro, lacio, brilla insultante y me ciega la mirada. Le golpeo el pecho con fuerza, llorando como una niña, pero él es muy grande y siente mis puños como cosquillas.
Blanca quedó prendida de eso, en vano traté de disuadirla, enganxada a mi sueño la dejé medio en trance. No hubo manera de hacerle comprender:
- ahora lo entiendo-dijo una y otra vez abriendo sus ojos de búo. Y allí la dejé, con la esencia de mi desencanto descifrada, tomada la clave...abriendo y cerrando mi hueco en un acto de alta irresponsabilidad.
Esta vez Blanca, a quien se le ha ido la pinza?
Al instante del olvido, cuando se cierra el círculo maléfico, él aparta con suavidad mi cabeza de pecadora de su seno y estalla en una carcajada diabólica. Yo me aparto, dolida de nuevo, su pelo negro, lacio, brilla insultante y me ciega la mirada. Le golpeo el pecho con fuerza, llorando como una niña, pero él es muy grande y siente mis puños como cosquillas.
Blanca quedó prendida de eso, en vano traté de disuadirla, enganxada a mi sueño la dejé medio en trance. No hubo manera de hacerle comprender:
- ahora lo entiendo-dijo una y otra vez abriendo sus ojos de búo. Y allí la dejé, con la esencia de mi desencanto descifrada, tomada la clave...abriendo y cerrando mi hueco en un acto de alta irresponsabilidad.
Esta vez Blanca, a quien se le ha ido la pinza?
Sunday, July 08, 2007
de piedrecillas
En cuanto os fuisteis, recogí todo con la meticulosidad de quien habita con alguien. Lavé los platos, guardé la comida, barrí el comedor. Luego salí a la terraza inclinada, oscura, y sentada en el suelo empecé a liar un canutillo de hash.
-mmm...-algo en el ambiente olía a mariguana de la buena. Me giré despacio, tenia la espalda apoyada en la barandilla y un grupito de piedras me estaban escribiendo en el culo un mensaje en braile.
Con esfuerzo etílico, parsimoniosamente, convertí mi postura en la de alguien arrodillado, y apoyando la barbilla en la veranda, oteé la terraza del vecino.
Ahí estaba el hombre dios. Sentado tan identicamente a mi , que de no haber habido pared, nuestras espaldas se hubieran sostenido la una a la otra.
Pareció no notarme, no sentir mis ojos enrojecidos sobre su melena pajiza. Estuve así un rato, contemplándole de tan cerca que el humo de su cigarrillo aliñado empezó a subírseme a la cabeza. En el cielo media luna de sonrisa cortada. En la calle el silencio agazapado, esperando para pasarle el testigo al alba.
- quieres?- extendió un brazo dorado, sembrado de vello reflectante. Asentí y lo tome de sus manos nudosas de uñas maltradas que me chocaron con su porte de mesias. Así, espalda contra espalda, compartimos el cigarrillo sin vernos el rostro.
Luego me levante, pisando el cielo de un verano relleno de los huecos de Gopegui. Salté por la ventana de mi casa, apagué las luces, desvestí mi cuerpo todavía sucio de mar de ciudad y me dispuse a reescribir en el aire, como si él puedera leerlos, pensamientos de algo que no logro recordar.
-mmm...-algo en el ambiente olía a mariguana de la buena. Me giré despacio, tenia la espalda apoyada en la barandilla y un grupito de piedras me estaban escribiendo en el culo un mensaje en braile.
Con esfuerzo etílico, parsimoniosamente, convertí mi postura en la de alguien arrodillado, y apoyando la barbilla en la veranda, oteé la terraza del vecino.
Ahí estaba el hombre dios. Sentado tan identicamente a mi , que de no haber habido pared, nuestras espaldas se hubieran sostenido la una a la otra.
Pareció no notarme, no sentir mis ojos enrojecidos sobre su melena pajiza. Estuve así un rato, contemplándole de tan cerca que el humo de su cigarrillo aliñado empezó a subírseme a la cabeza. En el cielo media luna de sonrisa cortada. En la calle el silencio agazapado, esperando para pasarle el testigo al alba.
- quieres?- extendió un brazo dorado, sembrado de vello reflectante. Asentí y lo tome de sus manos nudosas de uñas maltradas que me chocaron con su porte de mesias. Así, espalda contra espalda, compartimos el cigarrillo sin vernos el rostro.
Luego me levante, pisando el cielo de un verano relleno de los huecos de Gopegui. Salté por la ventana de mi casa, apagué las luces, desvestí mi cuerpo todavía sucio de mar de ciudad y me dispuse a reescribir en el aire, como si él puedera leerlos, pensamientos de algo que no logro recordar.
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