Me ha contado que desde el principio supo que algo no andaba bien. La casa en la playa, las toallas dobladitas, la calma, la comprensión. No! el amor era otra cosa...la pasión...todo casaba en un rompecabezas imposible en ese momento. Y duró, duró lo que duran las ilusiones, y los sueños de los niños, lo que dura la lectura de un buen libro, o un amanecer en brazos de alguien especial. Duro...luego me contó que empezó a sentir miedo, a ver cómo se encogía todo a su alrededor, a no poder hablar, a temer los momentos, a temerle a él y su libertad y su amor la rodearon con fierezan hasta marcarle a fuego las alas y ella dijo, dijo...pero nadie oyo nada. De a poco se acostumbró, pues de alguna manera no le quedaba otro remedio, y una mañana, marchitas las alas se las quitó de la espalda y las dobló y guardó en el armario antiguo del corredor.
Hoy la encontré llorando, dijo que no contento con romperle las alas le había impedido decir nada. Nada. Ella calló, bajo la amenaza latente de su inminente abandono, callo porqué le amaba, porque no recordaba haber amado nunca asi. Luego, al rato, tras ver en mi mirada negra algo que yo quise que viera, sonrio, se levanto y antes de irse me dijo muy bajito algo al oído...algo que jamás podré olvidar. Algo que me dio la certeza de que sabría como seguir su camino
Friday, April 27, 2007
Monday, April 02, 2007
La mujer flecha
La mujer flecha estaba irritada, solemnemente sentada en el taburete más bajo del local. Piernas cruzadas, una copa de líquido transparente entre sus manos, un cigarrillo humeante colgándole de la comisura de los labios. Se giró hacia mi y me dijo:
- lo siento, creo que eres un ser despreciable. Aunque no lo seas verdaderamente, en este preciso instante te odio con todo mi corazón.
- ups!- respondí, recolocando mi trasero sobre el taburete, no pude ni ofenderme ya que en ningún momento sus palabras sonaron a odio.
-perdona,discúlpame si es que...- y calló. Sus labios rojos se cerraron en un mutismo incomprensible. Yo seguí apurando aturdida el contenido de mi copa de tinto. La miré un rato, el rubor coloreaba sus mejillas y no sabía si debía o no hablarle:
- yo, creo que tienes un problema...
-mi problema es que se me acumulan las palabras, millones de ellas dan vueltas en una noria giratoria en mi estupida cabeza y nada puedo hacer, no puedo hacer absolutamete nada.
-escríbelas!
-no puedo, ése es el problema. Estoy en casa, petrificada ante la pantalla blanca, odiando cada historia que he escrito, ausencia total de los personajes en mi memoria. Releó algo, lo corrijo, y me doy cuenta de que no es más que un espeluznante y aburrido relato de amor! ahhhamor!!!
-Oh!-no se me ocurria la fórmula mágica, apenas sabía si deseaba seguir escuchándola o no.
- lo siento, creo que eres un ser despreciable. Aunque no lo seas verdaderamente, en este preciso instante te odio con todo mi corazón.
- ups!- respondí, recolocando mi trasero sobre el taburete, no pude ni ofenderme ya que en ningún momento sus palabras sonaron a odio.
-perdona,discúlpame si es que...- y calló. Sus labios rojos se cerraron en un mutismo incomprensible. Yo seguí apurando aturdida el contenido de mi copa de tinto. La miré un rato, el rubor coloreaba sus mejillas y no sabía si debía o no hablarle:
- yo, creo que tienes un problema...
-mi problema es que se me acumulan las palabras, millones de ellas dan vueltas en una noria giratoria en mi estupida cabeza y nada puedo hacer, no puedo hacer absolutamete nada.
-escríbelas!
-no puedo, ése es el problema. Estoy en casa, petrificada ante la pantalla blanca, odiando cada historia que he escrito, ausencia total de los personajes en mi memoria. Releó algo, lo corrijo, y me doy cuenta de que no es más que un espeluznante y aburrido relato de amor! ahhhamor!!!
-Oh!-no se me ocurria la fórmula mágica, apenas sabía si deseaba seguir escuchándola o no.
- Me levanto con unas ganas enormes de decir, contar, aprender, saber y luego nada, llevo tres meses sin una historia, sin una miserable historia que valga la puta pena! Entonces las palabras se me agolpan en cola en las sienes, brazos mortíferos que me golpean la mente en un afán absurdo de encontrar una salida. No, no estoy, no me encuentro en ningún lado. De ninguna de las maneras es posible no seguir no haciendo lo que no hago. Me agobian las paredes de mi casa, me siento de paso en una ciudad incoherente, me caigo del sistema y lo único que puedo hacer es lo que he hecho ahora contigo: escupìrlas, dejarlas caer como bofetadas, pequeños regalos de odio para los transeuntes, mis amigos hace rato que partieron de cualquiera lado próximo a mi...yo...lo siento...y bueno creo que eres un poco insulsa, una naranja sin jugo, un pelín gorda para la ropa que llevas y ...deberías hacer algo con ese pelo. Adios.
Estuve a punto de echarme a reir, a llorar, de vomitar...luego rogué una copa al camarero, me la bebí pensando en qué debía hacer con mi pelo y en que quizá si, debería comprarme algo de ropa. Volví andando a casa, pensando en la flecha de palabras que se acumulaban en el interior de la mujer, palabras apretadas sin sentido, no hallando forma en nigún papel, en ninguna pantalla en blanco, y pensé en que si se dejaban caer a tropel, si salian vomitadas de la boca roja de la mujer flecha quizá iban a perderse para siempre. Por eso, en cuanto llegué a casa, sola, lo primero que hice fue escribirlas en este espacio quizá no tan blanco.
Estuve a punto de echarme a reir, a llorar, de vomitar...luego rogué una copa al camarero, me la bebí pensando en qué debía hacer con mi pelo y en que quizá si, debería comprarme algo de ropa. Volví andando a casa, pensando en la flecha de palabras que se acumulaban en el interior de la mujer, palabras apretadas sin sentido, no hallando forma en nigún papel, en ninguna pantalla en blanco, y pensé en que si se dejaban caer a tropel, si salian vomitadas de la boca roja de la mujer flecha quizá iban a perderse para siempre. Por eso, en cuanto llegué a casa, sola, lo primero que hice fue escribirlas en este espacio quizá no tan blanco.
Subscribe to:
Posts (Atom)
