Estambul se abre como una femina hambrienta sobre los tres mares que la penetran. Ir a la ciudad, ese es el significado de su nombre, el que se le dio mucho antes de que quedara atrapada, aplastada por la babel de culturas y religiones que la habitan. Gris de dia, como una dama hermosa resplandece de luces a la noche, incluso los puentes se visten de gala para adorarla. Estambul es Asia y Europa, islam, cristianismo, judaismo... sus hombres hermosos, sus mujeres de vértigo, crecen de la mezcla de culturas, y madres con velo acompañan de compras a hijas semidesnudas.
Estambul, perezosa abre sus días de tarde, resacas de noches muy largas, de gentes que bailan y venden y comen con sonrisa sempiterna en la boca hasta muy tarde... en el mar del Mármara emergen islotes de cuento, con colinas desde las que puede apreciarse la belleza de la ciudad dormida. Asi es, asi fue mi pequeño periplo por sus calles, boca abierta, fascinación constante y un deje de desilusión por la insorteable Europa.
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