Tuesday, May 01, 2007

de lluvias

Me pregunto de quien son las manos que tejen disciplinadamente la vida que recorro estos días. Ando por la calle mojada con unos pantalones demasiado largos, barro el agua a mi paso que sube lenta a mojarme las piernas. Tengo frío. Olvidé traerme la ropa de invierno en este imprevisto viaje a ninguna parte.
Espero, me miro las manos y no las reconozco, me paro ante la luna de un escaparate y la figura que me devuelve no me recuerda a nadie. ¿Dónde estás? Quiero correr hacia alguna parte pero no logro afinar la direción y en este lugar todo es nuevo, tan limpio, tan adecuado, tan poco mío. Entro en un bar y me pido una cerveza fria, cierro los ojos muy muy fuerte y como los niños logro, por un momento, olvidar. Pero se cae ese momento. Cuando los abro de nuevo el camarero sonríe con una expresión extraña. Subo a un taxi, necesito hablar, y le pregunto :
- ¿dónde aparcas el taxi por la noche?
-en el parking estrella
-oh! teneís un parking comunitario
- y tu también...- mira hacia el cielo y sonríe. Me tiemblan las manos al sacar el monedero del bolso y se me desparrama el contenido: calcetines, unas llaves que no necesito, un pequeño paquete con comida que no podré tragar. A través del espejo retrovisor el hombre ve dos lagrimones que no acaban de brotar de mis ojos.
- Hay algo que no anda?
- No...yo...llevo en esas bolsas todo lo que necesito hasta la próxima parada...- corto mi frase para que no me delate la angustia. El asiente comprensivo. Subimos Balmes, arriba, arriba, arriba.
-Mira ahí, el tibidabo, tienes que mirar hacia delante, no hay más, lo que hayas dejado ahí , ahí se queda. Hoy es tu día y mañana algo nuevo. Le doy las gracias, la propina, le aseguro que me han ido bien los consejos, le sonrío porque es muy mayor y sabe las cosa que yo he de descubrir sola. Sin embargo, pienso, hay una que no sabe, que me gustaba más estar más cerca de la playa, y que lo que yo veo ahí arriba no es un castillo iluminado, una posibilidad, ni un futuro, veo un luminoso de algo que no quisiera perder. Desciendo lenta, tropiezo y caigo de rodillas entre las bolsas, me levanto avergonzada, sacudo las piedrecillas del pantalón y me siento más pequeña que nunca, absurda en una ciudad que amo. No quiero subir todavía, un momento más, un instante para que crea que hay un camino de vuelta. Podría andar toda la noche y no llegaría, nunca, a casa. Alguien que sabía amar me dijo que su hogar había sido siempre una persona.
Te echo de menos.

2 comments:

Anushka said...

amigamia de alma achicharrada , tan ridiculo decir cuan viva te siento, cuan despierta...Se te siente en sintonia con el duendecillo que llevas dentro...
y te abrazo fuerte...porque la angustia parece eterna..MIENTRAS DURA.

marzopa said...

Burbuji...alguna vez te dije que siempre me pareció que tenías cara de burbuji nomás, y que echar de menos es en realidad echar de más...??
Alguna vez te dije de la sensibilidad que te abarca y de la naturaleza que te abunda??...
Y por si alguna vez no te lo dije, te digo ahora que estoy más que convencida de que eres una hermosa persona.... justo hoy que me dio ganas de decirlo