Ande triste, de puntillas entre las cosas que me irritan, y sin darme cuenta me torcí el tobillo en la tenue pared de piedra que me separaba del mundo. Al caer lloré, como un niña pequeña , lloré y todavía lo hice más al contemplar mi rostro arrugado en el pequeño cacho de espejo que encontre en el suelo. No dije mucho, pero mi lamento llegó a oídos de un gitano que no lograba afinar los tonos de su guitarra:
- mi niña tu llanto como la música...y me compuso una rumbita que no habré de oir jamás. Luego cogió mi mano, me llevo muy lejos. Había un globo planteado y dijo que quería hacerme volar, volar...y entonces al girarme la mano grande de mi padre sujetándome un hombro levemente. Y no puede oír sus palabras, como en los sueños todo era su sonrisa, y el aire lleno de las preguntas que él sí solía contestarme. Me empujó de nuevo hacía mi moreno y asintió como lo hacen las pesonas que saben, "en el fondo" Dijeron sus ojos del color del chocolate, " te dejo en buenas manos". Y la vida siguió sin dar cuenta de las personas que realmente cuentan, las que se bajan del tren sin pensar que lo llenan de algo mucho más doloroso, más amargo que las lágrimas. En esta vida de despedidas, me niego a perderte en todas las estaciones. A él le conquistó algo mucho más profundo que los viajes, a él lo conquistó un mar azul, y murió contemplando la ventana en cuyo cristal habré de recordarlo siempre, sentado sobre la silla marinera que sujeta a los muchachos que avistan tierra, en el barco que fue nuestra casa vimos siempre, sólo, el mar...el mar...
Friday, February 23, 2007
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1 comment:
Amigamia de anteojos riallera...se me pone un nudo en la garganta cuando escribes sobre tu padre..una historia tan hermosa!!!!!Algun dia cuando puedas ,y quieras, me contaras mas sobre ese capitán de fragatas que tanto me intriga!!!!!
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