Olivia mecía su desconcierto fijando la mirada en el grupo de ventanas que tenía enfrente. Concretamente en el balcón del principal primera donde ondeaban al viento una docena de braguitas de colores: rojas, rosas, verdes, e incluso una de amarilla, se contoneaban juguetonas desafiando el paseo dominical de los bien pensantes. Ya se caerá alguna, pensó la mujer, en un momento u otro tendrá que caerse.
Cuando el camarero holandés logró despegar su mirada de la nuca perfecta de la aceitunada Olivia, se le acercó para quedar mudo al instante: ante él un rostro inquietante, morucho, de gélida mirada celeste, ojos pequeños de tupidas aunque cortísimas pestañas. La mujer turbia ajena a la inquietud que provocaba su ser balbuceó:
-Sólo un café, solo por favor!- moviendo la nariz al son de sus palabras. Y es que Olivia tenía una de esas narices acompañantes cuya punta juguetona puntea incombustible cada una de las palabras.
-O-l-i-v-i-a- dijo ella lentamente, saboreando cada letra como si de un manjar delicioso se tratase y dejando entrever en cada pausa una lengua blanquecina y bífida.
El camarero, estupefacto, no pudo reprimir un respingo acompañado de la fantasia pseudo-erótica de lo que podría hacer semejante mujer con semejante punta de lengua. El holandés tomó nota del nombre en lugar de la bebida y volvió al instante con una coca-cola light de botella caliente...
Wednesday, December 20, 2006
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1 comment:
Un café solo solo me recuerda a algo. Una caña caña pequeñita también. Me imagino a Olivia meciendo su desconcierto ante tanta braga colgante y me admiro, cada día más, de lo bien que escribes. Ahora solo espero que me cuentes el final, porque lo de la coca cola light caliente...??? Algo erótico seguro. Jeje
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