Hoy, recuperé un pedacito de mi pasado sentada en la casa límpida de mi amiga filósofa, frente a los ojos hermosos de su pareja también filosófica. Sentados los tres, muy arriba en un bloque del Raval, no pudimos entretenernos en hablar de las cosas que importan, de aquellas que ocuparon nuestro pensamiento y el de tantas personas. Sólo pudimos lamentarnos de no ser nadie, de no hallar un espacio digno, una parcela nuestra en la que sentirnos cómodos, en cierto modo "alguien". Él, apenas conquistando la treintena, se sentaba callado fumando tranquilamente, sobreviviendo con un sueldo mínimo y repartiendo diarios todas las mañanas del mundo. A ella la conocí en mi cole para malos, del que salió antes que yo, y del cual tiene un recuerdo todavía más amargo. Intentamos reírnos y nos contamos tantas cosas, y me sentí contenta de hablar con quien entienda porqué no encajo. En los ojos de Erika una decepción latente. En los de él reconocí los míos de antaño: mucha ilusión y la certeza de que ésta, la situación profesional, no es de las cosas que importan. Nada cabe más allá, se equivocó, eso si, el sistema.
Porqué en el mundo que a mi me contaron, los filósofos eran personajes a quienes se respetaba, personas con las que beber vino (mezclado siempre con agua) y discutir aprendiendo sobre la vida, porqué...sinceramente hay alguien que viva sin preguntarse de que están hechas las cosas que importan?

1 comment:
No creo amiga, no creo. Supongo que cada uno de nosotros se pregunta a cada instante de que estan hechas las cosas que importan...y seguro habia otros mundos , con espacios para la reflexión. Pero ahora Cele me mandó un peke para que pasee por mi quintadeleón..y para mi esas son algunas de las cosas que importan.
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