El Oráculo.
Lo sabía, que todo estaba conectado, que nada había de siniestro, suelto, o desdeñable en nuestro camino. Lo sabía y lo tuve delante en el Oráculo esta mañana. Nueve plantas de cemento, ventanas selladas, pasillos grises. Lejos del camino polveoriento, de las sandalias desgastadas, del sol que llevaba a los peregrinos a preguntar infinitas veces hasta llegar al Oráculo de Delfos que les daría la clave del camino que debían seguir hasta llegar a completar sus destino.
De la misma manera, pero sin chanclas, sinó con bambas, sin túnica, sinó en tejanos, sin bastón, sinó con el móvil en la mano, anduve toda la mañana mi camino hasta Oracle. Una sede grisácea, para cuyo entrada sólo necesite una pregunta:
- Oraclé?
-Aquí!
Así entre en el mundo ordendo, perfecto, envasado, donde miles de millones de trillones de bits de información aguardan para decirme cual dabe ser mi próximo paso, porqué admito que me he perdido en los vericuentos de la página web, y porqué no se si debo saber SQL antes de acceder a 10 g, o si para certificarme el ORA es de todo punto necesario que aprenda algo de ADO.NET... La muchacha morena sonrie amablemente:
- Qué tipo de fromación tienes?
- filosofía - digo bajito, avergonzándome! ella sonrie, me da un dossier de cuyo contenido no entiendo nada, y me besa antes de que salga a la calle.
Quedamos en vernos, y bajo su máscara de maquillaje, en ningún momento tengo la sensación de haber hablado con una persona. Ojos negros, subrayados de negro, endosando un atavió negro...
acaso no eran ciegos los sabios de antaño?
Monday, November 20, 2006
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