Wednesday, August 23, 2006

En la casa de Celeste

En la casa de Celeste parecía haber una fiesta y no una despedida. Ella, preciosa, contemplaba a todos con los ojos enormes que le dan nombre. Pensé en lo pocquito que llevaba en la isla, y a cuantos amigos había renunido. Quizá no llegué a verlos a todos, pero conocí a una señora polaca, pintora, con una historia triste, una mirada hermosa, y algo importante que contar. Su marido, un español alto de blanquisima cabellera, me trajo recuerdos de tantas personas que conocí. Y allí sentada junto a ella en el sofá, recorde como las idas y venidas nos reportan como un regalo siempre estos personajes, personajes que de una u otra manera solo se aparecen a los itinerantes. La conocí poquito a Celeste, apenas un día de planes imaginarios en el Antic, otro día de danza de la lluvia en Binigaus... pero me fascinó su habla, su mirada de niña, su alegría con todas las cosas. Hasta en su adios estuvo encantadora con todos y sé que debía esconder la pena de las cosas que terminan. Volví a casa pensativa. Hubiese querido ofrecerle una solución, una frase, algo. Quizá juntemos nuestras risas con las de Ana y Marce y nos la subamos a esa plaza de Vic a beber cañitas y reirnos de los cambios que nos persiguen y de nosotras huyendo de ellos.

1 comment:

Anushka said...

Aca estamos con Celeste...maravilladas con esa dulzura esa percepcion aguda de las cosas que sabes tener...preguntandonos cuando tus itinerarios te traeran a estas orillas.