Hoy me encuentro de nuevo a la espera. Alguien tocó las teclas acertadas de mi mente vaguísima, y no hay deseo más intenso que el de la excusa apropiada: no! no puedo escribir, no! no puedo dormir. Anduve buscando un vestido estrecho, un tacón alto, me pinté el ojo, que dice mi raquel, y salí furiosa a buscar un nuevo desencuentro. Por suerte tropecé a la salida con mi campanilla descojonándose de la risa: sostenía un cuento azul inacabado, uno blanco a la espera y un futuro que no abría de venir. Me senté con las piernas abiertas en el portal de la deseperación, descalce mis pies hinchados, tomé los papeles y sonreí sólo un poco. Me giré antes de entrar de nuevo al portal por si se había ido y podía yo huir una vez más, no fue así. Esperaba con sus alas de pirimpimpausa, los brazos curzados, y un gesto de hoy no vas a ningún lado.
Desperté demasiado temprano. Cogi de nuevo la bicicleta hacia una playa que empieza a hacerse mía. Me encontré doce veces en el pensamiento y aun a sabiendas de que tropezaba de nuevo, no supe como sortear la piedra de la pereza. Ahora escribo con regusto de cerveza y sin atisbo de felicidad, espero a mi compañera para llevarmela a enturbiar todavía más la noche! que suerte si campanilla pasa esta noche con Pieter.
Monday, June 12, 2006
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